lunes, 11 de enero de 2010

Diseñario (XV)

El equipo de expertos de encajabaja encargados de la redacción del Diseñario vuelve escoltado por una enorme máquina quitanieves que Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre han puesto a su disposición tras una de sus peleas (acaloradísima discusión porque ambos querían cedernos la máquina y al final el acuerdo es que nos la dejan entre los dos), después del paréntesis navideño en servicios mínimos. La impresionante nevada que ha caído en Madrid no les ha impedido pues estar aquí de nuevo en este 2010, que estamos seguros que será mejor para todos que el año anterior (año de nieves, año de bienes, ¿no?), con esta entrega de su obra irreverente, colectiva y abierta a vuestra participación sobre el diseño periodístico y la prensa en general.





Cuadratín. Cuando le dijeron, muy serios, que bajara a buscar una caja de cuadratines y otra de cíceros, no sabía que tanto unos como otros son unidades de medida. En el caso que nos ocupa, el de los cuadratines, se trata de espacios fijos (es decir, que no sufren modificaciones en virtud de la justificación de las líneas como sucede con los espacios entre palabras) con un valor en puntos igual al del cuerpo en el que estemos componiendo el texto. Es decir, doce puntos en el cuerpo doce será el tamaño de un cuadratín, diez en el cuerpo diez y así sucesivamente; fácil, ¿no? Pues aun siendo así de fácil existe la creencia equivocada y más extendida de lo que debiera, de que un cuadratín siempre vale 12 puntos, independientemente del cuerpo en el que se esté trabajando. Y no, lo que tiene siempre 12 puntos es un cícero.
Esta medida, el cuadratín, se utiliza fundamentalmente para las sangrías en las primeras líneas de cada párrafo, que son medidas que nunca varían con la justificación. En líneas de hasta 11 cíceros de ancho se utilizará como norma estándar un cuadratín de sangría; un cuadratín y medio ("media línea" se llama al medio cuadratín, y "espacio fino" a la cuarta parte del cuadratín) en líneas de entre 11 y 21 cíceros; y dos cuadratines para líneas con un ancho superior a 21 cíceros. Es una norma que no tiene un consenso exacto entre distintos autores, que varían estos valores unos cíceros arriba o abajo, pero la idea sustancial es que a mayor ancho de línea, mayor debe ser la sangría, expresada en cuadratines.
Pero esto, todo esto, fue.
Ahora, y en el futuro que ya ha llegado, casi nadie sabe qué es un cuadratín, tal vez porque los programas de autoedición (especialmente nuestro querido Quark) no tienen cuadratines, digamos de una manera más evidente a como los tienen (existe un "espacio m" equivalente a un cuadratín y un "espacio n", que es la mitad, tal y como se denomina en inglés al cuadratín y a la media línea, aunque no correspondan exactamente al valor de estas letras que además es distinto según el tipo empleado). Por eso, porque los ordenadores los esconden, no sabremos exactamente dónde ir a buscar aquello que posiblemente nadie nos vuelva a pedir que busquemos. De todas formas, nosotros, y vosotros, sí sabemos lo que son.



D


Data. En el mundo del periodismo, hace referencia al lugar (pueblo, ciudad, provincia, país, estado, continente) en el que se firma una noticia, con el fin de situar al periodista en las incomidades del lugar de los hechos o al calor de la redacción. Si es en el lugar de los hechos, suele ir acompañado de una mención a la categoría del redactor: enviado especial o corresponsal. A pesar de algún redactor que se obstina en preguntar ¿esto hay que datarlo?, todas las informaciones deben incluir una data. Sí, también los breves, que no por se pequeños merecen tal desprecio.
Para los hijos de los años 80, Data también es el nombre del niño chino de los Goonies, pero eso, creemos, tiene poco que ver con el diseño de periódicos.

Deformar. Modificar, alterar o distorsionar la proporción natural de algo, sea imagen o texto lo que nos toca. Es decir, hacer más altas que anchas o más anchas que altas las cosas. Esto, que parece una tontada más, no lo es tanto. Porque en el deformar se puede encontrar tanto a un magnífico profesional como al chapuza mayor del reino. Esto se debe a que dependiendo de lo que deformes y en dónde, más se sabrá si entiendes esta profesión o no. Por ejemplo, en prensa, las fotos nunca, nunca deben deformarse. Respetar el formato original de la imagen es una especie de pacto sagrado entre los buenos maquetas de periódico. Si deformas una imagen eres un cutre incapaz de dar con una solución que no masacre las imágenes originales. Pero claro, eso pasa en los periódicos. En cuanto traspasamos la dudosa frontera que separa la información del mundo del espectáculo (a veces sólo un angosto pasillo) todo esto se vuelve relativo. Porque en un periódico manejas información y como tal debe ser entendida también la imagen. Y si nos ponemos talibanes, si el color o la composición son información, la proporción también habrá de serla. Pero en el mundo del colorín, del fuego artificial y la modernez, donde todo vale o no dependiendo del día, del tiempo que haga en la calle o de con qué pie te hayas levantado esa mañana, deformar las imágenes tiene su puntito, su glamour incluso. Porque cuando lo que importa de una página es que quede bonita, chula, espectacular, diferente, acojonante... no vamos a discutir entre nosotros por un poquito de distorsión en las imágenes ¿no? En un periódico se cambian páginas enteras porque una imágen no da el corte. En una revista, suplemento o dominical, las fotos entran en ese hueco como que yo me llamo artista...
Sin embargo, cuando hablamos de tipografía, deformarla puede llegar a ser un arma muy útil. No nos referimos, por supuesto a ese deformar por deformar, a lo tonto, sin talento... Eso es una ordinariez como otra cualquiera. Nos referímos a ese sutil dos por ciento de deformación en la escala horizontal (o sea a lo ancho, estrechándola) que lo mismo estiliza un tipo tosco, que lo mismo te hace ganar un quince por ciento más de texto por página. ¡Ay, benditos! ¡Que pensábais que sólo se deforman las cosas con fines estéticos! Deformando un poquito un tipo de letras te aseguras una buena cantidad de texto extra que hará las delicias de tantos compañeros de redacción empeñados en contarte en doscientas líneas lo que podrían contarte en quince. Eso sin contar las ventajas que la deformación horizontal de los textos proporciona a nuestros queridos compañeros portadistas, capaces de hacer entrar en dos columnas toda una sentencia del Tribunal Supremo, con letra de palo y estrechíta, estrechíta... Eso sí, si para conseguir el mismo efecto estilizado, lo que modificas es la escala vertical, subiéndola, entonces pasas a convertirte en el chapuza de los chapuzas, porque la letra queda igual, sí, pero ya no sirve para nada más que para que quede bonita, porque cuanto más la deformes, más la achatas o la estiras (en vertical) y allí no se gana nada de texto. Que las cosas se hacen por un motivo siempre, y que queden bonitas, creednos, no es el motivo que mueve el engranaje de un periódico...
En lo que todos, absolutamente todos los profesionales coincidirán es en negar los hechos. Pese a lo anteriormente narrado, nunca encontraréis alguien que reconozca deformar los elementos, ni aun cuando lo haga bien. "¡Eso no lo hacemos los profesionales, hombre..!", te dirán. No se entienden los escrúpulos en reconocer la fechoría, cuando en los periódicos se lleva años haciéndolo a diario con la información y nadie se ha quejado todavía...


Entregas anteriores del Diseñario 2.0:

Diseñario 2.0 (I): adelanto-alcance.
Diseñario 2.0 (II): apaisado-arte final.
Diseñario 2.0 (III): aspirina-autoedición.
Diseñario 2.0 (IV): background-billete.
Diseñario 2.0 (V): bobina-breves.
Diseñario 2.0 (VI): cabecear-camisa.
Diseñario 2.0 (VII): carácter-carpintero.
Diseñario 2.0 (VIII): catálogo-chillón.
Diseñario 2.0 (IX): chiste-cierre.
Diseñario 2.0 (X): clavo-colchón.
Diseñario 2.0 (XI): columpiarse-comerse.
Diseñario 2.0 (XII): compacto-corresponsal.
Diseñario 2.0 (XIII): corte-crítica.
Diseñario 2.0 (XIV): crisis-crónica.

lunes, 4 de enero de 2010

El color de 2010


Ya sabemos el color que le ha sobrado este año a la casa Pantone. Si el año pasado era el amarillo el que llenaba los almacenes de la empresa, este año es el Pantone 15-5519 Turquoise. Y gracias a ese exceso de stock, el turquesa es el color del año 2010.

Según ellos, combina la serenidad del azul y la vigorosidad del verde. Vamos, que esperan que 2010 sea un año sin prisa pero sin pausa. Y que además "evoca las aguas tropicales" ideales para "escapar de los problemas del mundo". Pues nada, en estos días de año nuevo, de felicitaciones, deseos y propósitos, os deseamos Turquesa, mucho turquesa. Y feliz 2010.

martes, 22 de diciembre de 2009

¡Felices Fiestas!


No nos ha tocado la lotería (bueno, a alguno sí), pero aún así, hemos recibido un premio en forma de periodiquería. En este caso histórica, desde Belén de Judea, fechada justo el año I de nuestra era.

Con esta imagen queremos desearos desde encajabaja.com Feliz Navidad y Próspero Año 2010.

P.D. Con motivo de las Fiestas, el blog entra en Servicios Mínimos hasta después de Reyes.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Lotería encajabaja 2009




Encajabaja juega con el número que publicamos aquí en el sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad que se celebra mañana, 22 de diciembre de 2009. Como la cantidad es realmente limitada, no hemos podido hacer participaciones, además de que nuestra infraestructura de distribución no está todo lo perfeccionada que quisiéramos. Limitaciones que podremos solucionar si este número sale agraciado con el gordo, como estamos casi seguros que va a suceder. Por eso os lo damos a conocer, por si alguien puede todavía hacerse por su cuenta con alguna participación o décimo de él. Luego no digáis que no os avisamos...

Felices Fiestas a todos y recordad que lo importante es la salud. Además, ya nos advirtió Groucho Marx que lo que merece la pena de la vida son las cosas pequeñas: una pequeña mansión, un pequeño yate, una pequeña fortuna...

Diseñario 2.0 (XIV)

El comité de expertos de encajabaja encargado de la redacción del Diseñario podrá ser todo lo misterioso que quiera... pero no ha podido escapar a la "tradicional" cena navideña de empresa. Lo que indica que no sólo no son misteriosos, sino que tampoco parecen demasiado sabios. Perjudicados y con el estómago revuelto, revolvieron las voces de esta insigne obra y aunque el contenido de las voces no ha sufrido ni la más mínima merma de su ya mítica calidad, sí se traspapelaron y la última voz de la entrega anterior, "crítica", debería ir detrás y no delante de la primera voz de esta nueva entrega de hoy. Por puro orden alfabético, vamos. En fin, que ya se colocarán correctamente en la versión definitiva e impresa (esperemos), y que Felices Fiestas y mejor 2010 que el 2009 para todos de parte del ebrio y empachado comité encargado de esta obra colectiva, irreverente y abierta a vuestra participación sobre el diseño periodístico y la prensa en general.





Crisis. De vez en cuando un conjunto de circunstancias nefastas se reúnen y se ponen de acuerdo para, juntitas, joder al personal. Se retroalimentan entre sí y jugando al corro de la patata nos rodean, dando vueltas de la mano para crear un circulo vicioso. Y se ríen. Y ponemos cara de pobres idiotas. Y se ríen más.
Este conjunto de elementos tan simpático ha sido motivo tradicional para llevar a cabo rediseños en el sector de la prensa escrita, con la peregrina e ilusa intención, en un elevado porcentaje de casos, de que con un poco de decoración unida a algún que otro despido y su consiguiente pérdida de calidad en los contenidos, se va a conseguir así vender más periódicos y la vez reducir costes. Estas ideas son otra de esas circunstancias que decíamos que se ponen de acuerdo con otras para retroalimentar una crisis. Circunstancia que puede denominarse también estupidez humana, o más bien la estupidez de quienes consideran estúpidos al resto de sus semejantes.
Aunque en un principio pudiera parecer que este término no es propio de una obra sobre el diseño periodístico y la prensa en general, colectiva, irreverente y abierta a vuestra participación, sucede que sí. No sólo el párrafo anterior ya lo desmiente, sino que hay que incidir en que prensa y crisis son términos casi complementarios, inseparables el uno del otro hasta el punto de que no recordamos apenas un momento de la historia de los periódicos en que no se viviera una crisis de cualquier tipo. Esta última dicen que es la definitiva... pero no estamos seguros del todo de que no se dijera también de alguna otra anterior.

Cromalín. Prueba de color. Cromalín es una marca comercial de un sistema para obtener una prueba de un arte final en color a partir de cada uno de los cuatro fotolitos. Es un sistema químico de gran calidad, pero también muy caro y algo lento, motivo por el cual dejó de utilizarse en los periódicos cuando las impresoras en color fueron lo suficientemente prácticas para hacer pruebas con una calidad aceptable para lo que puede imprimirse en el papel prensa. No obstante, hay quien sigue llamando en alguna redacción "cromalines" a las pruebas en color de las impresoras. En fin, que somos también de donde venimos, ¿no?

Crónica. Si existe una línea que marca la frontera entre el periodismo y la literatura, entre la sucesión de datos pura y dura y la interpretación y valoración del periodista, allí, en ese preciso lugar, se escribió la primera crónica periodística.
La crónica es el género periodístico en el que se relata una historia, generalmente de forma cronológica y ciñéndose escrupulosamente a la sucesión de hechos. Toma su nombre del griego cronos, que significa tiempo. O sea que es contar lo que ha pasado y en el orden que ha pasado. Pero en la crónica, la figura del autor cobra enorme importancia. El periodista eleva su función desde la pura información a la interpretación de los hechos, de manera que no es un simple relato de acontecimientos, sino más bien una historia personal, que el cronista te cuenta en primera persona, tras, previamente, haberla vivido. Porque un cronista es un espectador en primera fila de los acontecimientos, y eso le diferencia completamente del autor de, por ejemplo, un reportaje. Un cronista ha vivido los hechos que narra. Estaba allí. Y por eso, el periodismo se ha ido haciendo grande a medida que grandes periodistas han escrito las más grandes crónicas. Porque una guerra no es igual por televisión que parapetado contra una esquina derruida, con las balas silbnado por todas partes y siendo partícipe del horror del que es capaz el ser humano. Para escribir un buen reportaje lo único que necesitas es una buena fuente y documentación, pero para hacer una crónica en condiciones estás obligado a dejar tu silla en la redacción y estar allí (aunque haya cronistas que se hayan hecho grandes escribiendo desde el hall del hotel o desde su chalet de veraneo mientras en el país donde firmaban, se derrumbaba el mundo…)
Y por lo tanto, tantas crónicas hay como vivencias en las que un periodista pueda verse implicado. Crónicas parlamentarias, de sucesos, taurinas, deportivas, corresponsalías, ya sean en el extranjero o en un pueblo perdido en lo más remoto de una montaña… Pero si algo es común a todas ellas es el alto componente creativo y personal que contienen. Porque nos hacen vivir algo como si hubiésemos estado allí. Para eso nos hicimos periodistas muchos de nosotros, para contar historias de forma que llegaran a muchas personas distintas… Y qué mejor manera de hacerlo que hacerles partícipes de la experiencia, haciéndoles vivir (como en la mejor literatura) lo que tú has vivido antes...


Entregas anteriores del Diseñario 2.0:

Diseñario 2.0 (I): adelanto-alcance.
Diseñario 2.0 (II): apaisado-arte final.
Diseñario 2.0 (III): aspirina-autoedición.
Diseñario 2.0 (IV): background-billete.
Diseñario 2.0 (V): bobina-breves.
Diseñario 2.0 (VI): cabecear-camisa.
Diseñario 2.0 (VII): carácter-carpintero.
Diseñario 2.0 (VIII): catálogo-chillón.
Diseñario 2.0 (IX): chiste-cierre.
Diseñario 2.0 (X): clavo-colchón.
Diseñario 2.0 (XI): columpiarse-comerse.
Diseñario 2.0 (XII): compacto-corresponsal.
Diseñario 2.0 (XIII): corte-crítica.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Periodiquerías (XIV)






Kabale (Uganda, 2009) / Mariví Casanueva





Honolulu (Hawai - Estados Unidos, 2009) / Luis Blasco





Filadelfia (Estados Unidos, 2009) / Irene Hernández Fernández



Nada más y nada menos que hasta Kabale, la segunda ciudad de Uganda, se ha ido nuestra compañera de periódico, e incluso amiga, Mariví Casanueva con el único propósito de traernos esta primera "periodiquería" africana que es además, la primera "periodiquería humana" que publicamos. Impresionante.
Completan esta entrega tan internacional otra "periodiquería" de Oceanía: un expendedor junto a las paradisíacas playas hawaianas de Honolulu (o Honolulú, a elegir) fotografiado por Luis Blasco; y por último una "periodiquería" americana, enviada amablemente por Irene Hernández desde la principal ciudad de Pensilvania ("ciudad del amor fraternal"), en el noreste de los Estados Unidos.
Pocos continentes nos quedan por recorrer pues en este extraño viaje por los puntos de ventas de periódios de todo el mundo... si alguien es capaz de encontrar y fotografíar alguno en la Antártida... lo congelaremos aquí en píxeles inmortales. Pero tampoco hace falta ir tan lejos, enviadnos fotos de vuestras "periodiquerías", esos lugares en los que todavía se venden periódicos, y las publicaremos en esta serie. Si queréis.

Entregas anteriores de Periodiquerías:

Periodiquerías (I):
Madrid - Nueva York - Sevilla
Periodiquerías (II): Bilbao - Resistencia (Chaco-Argentina) - Múnich
Periodiquerías (III): Estambul - Praga - Nueva York
Periodiquerías (IV): Salamanca - Edimburgo - Tres Cantos (Madrid-España)
Periodiquerías (V): Lima - Bruselas - Mérida (España)
Periodiquerías (VI): Londres - París - Roma
Periodiquerías (VII): Las Vegas - Los Cristianos (Tenerife) - Alicante
Periodiquerías (VIII): Antigua (Guatemala)
Periodiquerías (IX): Berlín - Viena - Moscú
Periodiquerías (X): San Francisco - Puerto de Santa María (Cádiz) - Málaga - Newspaperman
Periodiquerías (XI): Lisboa
Periodiquerías (XII): Venecia - San Petersburgo - Osaka
Periodiquerías (XIII): Barcelona - Los Angeles - Buenos Aires

jueves, 17 de diciembre de 2009

Malagón, disparos de cera y carboncillo





Es un "viejo" conocido nuestro. No por edad, sino porque ya ha salido en estas páginas de bit y bytes con motivo de dos libritos que publicó hace un tiempo y que tuvimos la suerte de poder reseñar. Y también es un viejo conocido de la prensa en papel, porque no le basta con gestionar tres blogs (aquí, aquí y aquí) sino que además publica asiduamente (y damos gracias por ello) en distintos medios, tanto nacionales como locales (El Jueves, El Economista, El Mundo Valencia, Diagonal y un largo etcétera).






Y no nos extraña, porque es bueno, muy bueno. Acaba de publicar Ilustralario, un pequeño pero interesantísimo libro de la mano de Blur ediciones. A diferencia de otros libros, este deja a un lado los problemas cotidianos y los políticos para centrarse en los graves problemas que crean estos últimos (guerras, hambre, pobreza, etc.). Todo con una acidez y una finura en las metáforas impresionante. Pequeños "disparos" directos a la conciencia. Pero lo mejor es que lo veáis (y compréis, por supuesto). No tiene desperdicio.



P.D. Y nos os perdáis el Christma que nos ha mandado. Buenísimo.